Day-of-the-Dead

Nuestros Muertos, en Vida Para Siempre

Amaj iuan nochipa ma mitsuanti tlauilpakilistli (en lengua Náhuatl), - “Que hoy y siempre la luz de la alegría te acompañe”, se desea a los seres queridos fallecidos.

La celebración del Día de los Muertos en México, data de la época prehispánica, hace aproximadamente 3000 años, entre las populaciones indígenas mesoamericanas, como los aztecas, los mayas y los mixtecos, por citar algunos. Esta celebración tenía como objetivo rendir homenaje a los difuntos y honorar a la Diosa de la Muerte Mictecacíhuatl.

Existía la creencia de la vida después de la muerte, y ésta era recibida como una etapa de transición de la vida terrestre hacia los nueve niveles del inframundo (el mundo de los muertos). Simboliza la separación del alma del cuerpo físico. Era celebrada a través de ceremonias, rituales, danzas y cantos, sin una connotación negativa y libre de todo miedo y temor.

Los muertos eran enterrados con un Xoloitzcuintle, un perro originario de México, que debía guiarlos hacia su destinación final. Los entierros se acompañaban de cráneos, de objetos que pertenecían al difunto y de elementos que podría necesitar durante su trayecto.

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Los muertos eran enterrados con un Xoloitzcuintle, un perro originario de México, que debía guiarlos hacia su destinación final. Los entierros se acompañaban de cráneos, de objetos que pertenecían al difunto y de elementos que podría necesitar durante su trayecto.

Actualmente, a través de todo el país y en el extranjero, entre la comunidad de residentes mexicanos, se lleva a cabo la conmemoración de esta fecha tan significativa para la cultura mexicana, a través de la visita a los cementerios, de la instalación de altares y de la organización de desfiles, acompañados de cantos, danzas y poemas.

Entre los objetos que forman parte de los altares se encuentran : 1) las hermosas flores de cempasúchil, con su característico color naranja y su enigmático perfume, que sirven de guía al alma del difunto hacia el mundo de los seres vivos; 2) las veladoras, que aportan la luz sobre el camino que éste debe recorrer para llegar a su destinación; 3) el incienso, que generalmente se fabrica a partir de la corteza del copal y que tiene como función la purificación del ambiente para mantener alejados a los malos espíritus; 4) la cruz y la representación de la Virgen de Guadalupe; 5) las calaveras, y en particular la Catrina, así como los cráneos elaborados a base de azúcar, de chocolate o en pasta de almendras, que aportan un tono burlesco y festivo a la celebración; 6) la sal, que se coloca para purificar y permitir al cuerpo del difunto su conservación en buen estado durante su trayecto; 7) el pan de muerto, elaborado con un licor de flor de naranja y cubierto de azúcar, donde se representa a los huesos del difunto, colocados en forma de cruz; 8) el agua, el tequila y el mezcal, que sirven igualmente para purificar y para saciar la sed del fallecido; 9) las fotos del ser querido al que se va a rendir homenaje, así como los objetos que nos inviten a recordarlo, tales como los instrumentos de su trabajo, de alguna actividad que le gustaba practicar, o bien los platillos que le gustaba comer (como tamales, mole, frutas, etc.) y 10) el papel picado, donde se representa a todas las figuras integrantes del altar, en diversos colores que aportan la vivacidad y la alegría a la festividad.

En Francia, y particularmente en la ciudad de París, diversos eventos son organizados con gran entusiasmo para conmemorar esta fecha, de la parte del Instituto Cultural Mexicano, de asociaciones, restaurantes y boutiques, que abren sus puertas a todos los VIVOS (de todas las edades y nacionalidades) que deseen participar en ellos para recibir a sus QUERIDOS MUERTOS. Y para los más motivados, con la posibilidad de maquillarse y disfrazarse en los personajes representativos de la muerte, La Catrina y el Catrín, para después integrarse a un desfile lleno de magia y de fantasía, que se lleva a cabo alrededor de la Iglesia Saint Merri y de la fuente Stravinsky, en el barrio 4.

Para terminar, transcribo algunas estrofas del son tradicional oaxaqueño llamado La Martiniana, que ha sido popularizado en su versión reciente por el poeta y escritor Andrés Henestrosa, donde evoca sus pensamientos sobre la hora de la muerte:

“Si quieres que no te olvide,
si quieres que te recuerde,
toca sones alegres, mi vida,
música que no muere.

No me llores, no, no me llores, no,
porque si lloras, yo peno,
en cambio si tú me cantas, mi vida,
yo siempre vivo, yo nunca muero.”

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