Historia de la Pascua en París

Historia de la Pascua en París

LA PASCUA, un período propicio para la transformación de nuestra vida

ORIGEN DE LA PASCUA

El término Pascua proviene del hebreo Pésaj, y en latin se escribe Pascha, que significa « Lugar de pastos ». Éste hace referencia al ayuno y a la acción de festejar un cambio, un tránsito, una transformación.

Para los judíos, la Pascua rememora su travesía a través del Mar Rojo, como pueblo elegido por Yahveh, en busca de la Tierra Prometida. Guiado por Moisés, huye de la esclavitud padecida en Egipto.

Para los cristianos, la Pascua evoca el paso de Jesucristo de la muerte a la vida, es decir su Resurrección, que tuvo lugar un domingo, tres días después de su fallecimiento. Con su crucifixión salva al pueblo de Dios, lo libera de las consecuencias generadas por sus pecados.

La celebración cristiana se lleva a cabo el primer domingo después de la luna llena, que sigue al equinoccio de la primavera.

Tanto en la tradición judía como en la cristiana, el platillo que se sirve durante la comida es el cordero. Para los primeros, se hace alusión al cordero sacrificado antes del exilio de Egipto, con el objeto de proteger a los recién nacidos de la décima plaga. En la religión cristiana, el cordero representa a Jésus que se sacrificó para salvar a la humanidad de sus pecados. Los católicos lo llaman
« Cordero de Dios ».

El cordero es considerado como un símbolo de pureza y de justicia.

SIGNIFICADO DE LOS HUEVOS DURANTE LA PASCUA

El huevo es una alegoría de la fertilidad y del renacimiento.

Es la representación de la primavera. En diversas civilizaciones antiguas, como la egipcia y la griega, se tiene como costumbre regalarse huevos a la llegada de esta estación.

En Francia, dicha tradición se encuentra vinculada a las Fiestas de Pascua, que aparecen a partir del siglo XIII. Los huevos de gallina se pintan en color rojo, antes de ser regalados, para conmemorar la sangre de Jesucristo vertida durante su Pasión y Muerte, el Viernes Santo.

Asimismo, se prohibía la consumación de huevos durante la Cuaresma, período de ayuno de 40 días que precede a las Fiestas de Pascua.

Con el paso de los siglos, los artistas se han inspirado de estas creencias para concebir obras de renombre, como por ejemplo Los Huevos de Pascua diseñados  por Watteau, que fueron regalados a la hija del rey Louis XV, así como Los Huevos de Fabergé, que fueron solicitados por la familia imperial rusa.

A partir del siglo XVIII, las altas esferas de la sociedad, comienzan a vaciar los huevos para llenarlos de chocolate líquido. Más tarde, a mediados del sigo XIX, nuevas técnicas permiten solidificarlo. Al final del Segundo Imperio, esta práctica se democratiza y las Fiestas de Pascua son asociadas a los huevos, gallinas y otras figuras hechas a base de chocolate.

SIGNIFICADO DE LOS HUEVOS DURANTE LA PASCUA

En Francia, el llamado de las campanas de las iglesias forma parte de la usanza de las Fiestas de Pascua. El Jueves Santo, su repicar parte a Roma, día de la Semana Santa en la que éstas dejan de sonar y el Domingo de Pascua vuelven a las iglesias francesas. En su trayecto se anuncia la Resurrección de Jesucristo, dejando sobre su paso una multitud de chocolates y confitería.

En las regiones cercanas a Alemania, la tradición germánica ha adoptado a un conejo o una liebre para distribuir los huevos elaborados a base de chocolate.
Al igual que los huevos, el conejo y la liebre constituyen un símbolo de fertilidad y de germinación, que se encuentra vinculado a la primavera y al renacimiento de la naturaleza.

Su imagen es utilizada en la tradición pagana. En Saxe, la liebre representa al animal totem de la Diosa de la Primavera Éostre, que sirvió de inspiración al Easter, el nombre en inglés atribuido a la Pascua.

UN POEMA PARA COMPARTIR DURANTE LA PASCUA

Mariela Marianetti

¡Deseo que en estas Pascuas el Amor renazca
en el corazón de los hombres
por la Resurrección de Cristo;
que la Humanidad se reencuentre en la esperanza
de una vida eterna más allá de la presente;
que aprendamos a ser más humanos
frente al dolor del prójimo,
reconociendo en él a Dios,
único Salvador del Hombre!

¡Qué estas Pascuas de Resurrección nos encuentren
serenos, alegres y predispuestos al reencuentro
con nosotros y con los otros,
en el nombre del Hijo,
en el nombre del Padre
y rodeados por el Espíritu Santo que nos habita
desde siempre!

Amén.

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